Santiago A. Zannou: "El racismo no es que salgas a la calle y te peguen, basta con que te hagan sentir diferente"
Escrito por Pedro Moral   
Jueves, 24 de Noviembre de 2011 23:29

Santiago A. Zannou debutó en 2008 con El truco del manco. La película fue un éxito y ganó tres Goyas. Después hizo su primer documental, El alma de la roja. Ahora presenta La puerta de no retorno, otro documental, éste mucho más íntimo, sobre el regreso de su padre, Alphonse, a su Benín natal 40 años después. El rodaje, como no podía ser de otra forma, también ha sido un viaje para Zannou.

 

Pregunta: ¿De dónde viene esta historia y porqué decides hacerla?

Respuesta: Después del éxito de El truco del manco me ofrecieron diferentes proyectos y la mejor manera de no traicionar lo que me gusta y seguir poniendo mi personalidad delante de la cámara era conocerme un poquito mejor a mí mismo. Me fui a Benín y le dije a la otra parte de mi familia que mi padre no podía venir pero que me había criado bien, que era director de cine y que había ganado un premio. No quería restregarles el éxito ni mucho menos, solo quería que supieran que nos estábamos esforzando. Les dije que pronto volvería con mi padre y haríamos una película. Quería conocerme a mí mismo y recuperar un orgullo que todos los hijos de inmigrante necesitamos.

 

P: ¿Fue complicado convencer a tu padre para que se embarcara contigo en este proyecto?

R: No, lo primero porque yo soy muy pesado. Además mi padre sabe que siempre he tenido estas temáticas: el racismo, la prostitución... Él ha visto que durante diez años he tenido un gran compromiso encima con lo que hago. Le dije que era el momento de enseñar la verdad, de que la gente viera el dolor de la persona que está fuera.

 

La puerta de no retorno

 

P: ¿Te consideras un director comprometido?

R: Yo disfruto de todas las películas, mi director preferido es Chaplin porque supo aunar la crítica y la comedia de una manera magnífica. Cada cineasta tiene una serie de referentes y a mí me gustan las personas que se comprometen. No hay que olvidar que estamos en un país donde hace unos años por el mero hecho de escribir una poesía te pegaban un tiro o te metían en la cárcel. Hay gente que es comprometida y hay gente que no. Yo prefiero serlo.

 

P: Sin embargo, el África que aparece en el documental es muy amable…

R: El África que hemos puesto, en este caso Benín, dista mucho del Africa de otras películas lleno de guerras, hambre y sida. Siempre tenemos esa idea, parece que África es un infierno gigante. Realmente es la pretensión de un grupo de poderosos que quiere trasladar esa información a las personas y chupar del continente. Yo quería mostrar ese otro África, donde la gente se entiende y se apoya. La diferencia con nuestro continente es que África es joven y occidente es viejo.

 

P: ¿Qué relación tuviste tú y tu padre durante el rodaje?

R: Con mi padre hice una apuesta muy fuerte, le dije que no me podía decepcionar. Le dije: “Quiero que no te salga ego, que no mientas, ni que saques pecho. Vamos a mostrar el dolor. Si lo haces no solamente te convertirás en un héroe si no en mi mejor amigo.” Durante el rodaje lo único que le pedí era compromiso para ser honesto, me lo dio. Las noches de hotel que pasamos juntos nos han hecho sentir orgullo uno del otro. Nos hemos hecho mejores amigos.

 

P: El rodaje, como es lógico, tiene partes fabricadas. ¿Le has dado mucha importancia a esto o te has decantado más por la improvisación?

R: Todas las partes están fabricadas. Yo intuía cuales eran las emociones que le iban a ocurrir a mi padre. Cuando yo llevé a mi padre a la tumba de su madre es un momento prefabricado pero la tristeza que se saca de esa escena es sincera. Al final una película lo que tiene que tener es mucha honestidad. He jugado  a hacer un poco de fabula, porque hacer un documental duro sin ponerle ese cuento no era la película que a mí me atraía hacer. Creo que la mejor manera de hacer la historia de mi padre universal era jugando con las herramientas que nos da el cine, que son el documental y la ficción.

 

La puerta de no retorno

 

P: La película está rodada en cine en vez de en video, que sería lo normal para un documental. ¿Por qué esa imposición?

R: Me puse esta presión porque no me hubiese gustado volver con 400 horas de material. Ir en cine me obligaba a elegir. Yo no me quejo de las tecnologías digitales pero el acceso a la imagen para todo el mundo, está desprofesionalizando el oficio.  Lo maravilloso de rodar en cine, es que necesitas a tres personas para la cámara, tres para el sonido y un ayudante. Una de las cosas que más me gustan es poder dar puestos de trabajo con mis ideas y mis producciones. Si decimos industria del cine es porque trabaja mucha gente. ¿No?

 

P: Según tu diario de rodaje al que todo el mundo pudo acceder por internet, allí los niños te llamaban “blanquito”

R: En Cataluña me llaman español, en España me llaman negro y en África me llaman blanco. ¡Es una locura! Al final tienes que ser consciente de que hay un nuevo orden mundial. En el fondo no perteneces a ningún lado, pero no te tienes que sentir excluido sino que debes ser consciente de que perteneces al futuro. Fue muy duro que en África me llamasen blanco, después de que durante años me llamaran negro. Cada una de las razas marca unas barreras y marca unas diferencias, sólo que hay una raza dominante, que es la blanca y cuyas barreras son mucho más difíciles de saltar.

 

P: ¿Crees que el racismo sigue siendo un tema actual?

R: Últimamente me hago ida y vuelta en el ave y soy al único tío que le piden el carnet de identidad en un vagón de 50 personas. Estoy harto de ese racismo, porque el racismo no es que salgas a la calle y te peguen, basta con que te hagan sentir diferente. Últimamente incluso nos echan la culpa de la crisis y la culpa no la tienen ni los indigentes, ni los pobres, ni los negros.

 

P: ¿Cuál es tu próximo proyecto?

R: ¡Pues empiezo ya! Ruedo en enero Alacrán enamorao. Es una temática fuerte. Ahora hay 5 millones de personas que tienen mucha rabia que está saliendo por muchos lados y uno de ellos es la violencia. Yo también soy joven y estoy indignado pero creo que tenemos que saber canalizar la rabia y dejar la violencia a un lado. Si no muchas cosas van a empezar a saltar por los aires.